El martes como a las 13 horas yo caminaba cerca del campo de fútbol, rumbo al lado este del Jardín, para ver cómo seguía el estado del muro (ver mi comentario bajo "Lo bueno de Guzmán III"). De repente me pasó un coche de la policía local de Castilleja de Guzmán, que fue a parar en el lugar donde por mucho tiempo hemos gozado de un contenedor lindo y grande de residuos urbanos (la foto es de mis archivos). El contenedor había desaparecido.

Seguí mi camino. De regreso, noté que el coche de la policía seguía allí, y que el hombre sacaba cosas del maletero y las ponía en el suelo. Seguí mi camino, pero el coche salió a la calle mientras yo estaba todavía muy cerca, así que fui a investigar lo que había quedado en el suelo.

Había dos bolsas grandes de plástico, las cuales no abrí, ni las toqué. Alrededor de ellas, como puedes apreciar en la foto, había bombillos de vapor de mercurio (como se usan en el alumbrado público) y el embalaje propio de ellos, botellas de plástico, dos postes metálicos como se usan para prohibir el aparcamiento, un globo de cristal como para el alumbrado público, y otras cosas pequeñas. Saqué fotos, no solamente porque me parecía raro que un policía dejara basura así, sino también que ese terreno es parte del Bien de Interés Cultural del Jardín de Forestier, y no debe soportar ni el contenedor ni la basura suelta.

Un poco después de las cinco de la tarde decidí volver allí para ver qué había pasado con las cosas. Al acercarme, vi a un hombre agachado en el lugar, aparentemente examinando las cosas, y decidí que no era prudente acercarme. Dos horas más tarde regresé con mi marido. Descubrimos que las bolsas se habían roto. Aparecieron dos pares de zapatos de mujer, y el suelo estaba cubierto de papeles (sueltos y encuadernados), que suponíamos habían estado dentro de las bolsas. El viento estaba llevando las bolsas rotas y los papeles rápidamente hacia Camas. Recojimos unos de los papeles sueltos, pero estaban esparcidos miles de ellos por toda la región. Los encuadernados resultaron ser catálogos de muebles de oficina, manuales de operación de no sé qué, una guía telefónica de páginas amarillas de 2006 y otros similares. Después que nos alargamos del lugar, tres niños vieron el vertido y corrieron a investigar. Lo último que oímos de ellos fue el sonido del cristal de los bombillos rompiéndose.
Los papeles que recogimos resultaron interesantes, porque únicamente podrían haber procedido del Ayuntamiento. Había papeles oficiales con sello, unos reglamentos que fueron adoptados por el Pleno del 28 de diciembre de 1998, y unas notas a mano que parecían ser de un Pleno también de esas fechas, entre muchas cosas más.
¿Por dónde empiezo? Que el Ayuntamiento haya autorizado la policía local a vertir basura en el suelo es increíble. Que lo hicieran en suelo protegido como parte de un Bien de Interés Cultural es aún peor. Que dentro de esa basura se encontraran cosas peligrosas como los bombillos de mercurio, que es un veneno y contaminará el entorno y posiblemente hará daño a esos niños, no se soporta ya.
Con la distancia que hubo y la luz en mi contra, no puedo jurar que el hombre que descargó la basura fuera policía, pero sí sé que fue el coche de la policía municipal. ¿Para sacar la basura tenemos policías?
Parece que esto de mantener limpio el pueblo, reciclar, usar bien los contenedores de basura y cuidar cómo se tiran cosas peligrosas es solamente para la gente común y de baja categoría. El Auntamiento y la policía pueden hacer lo que les plazca.
¡Viva la Ecovilla!
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